LA SECUENCIA DE LA DESTRUCCION….maltrato psicológico.

LA SECUENCIA DE LA DESTRUCCION
Que difíci es demostrar los malos tratos psicológicos, y de lo sutiles y socorridos que suponen cuando se sabe que los físicos dejan marcas que delatan y son “fácilmente” denunciables. Pero el maltratador psicológico es consciente de que aquellos dejan amplias huellas intangibles tras de sí, con terribles secuelas, y casi más complicadas de retirar que las físicas. Y jamás se olvidan.

Es una secuencia de destrucción psicológica, infringida por un ser “muerto por dentro”, con perdón (o sin él). Está devastado, consciente de su inutilidad, y convencido de ella, de lo que en realidad es y llega a disfrutar haciendo sufrir. Sintiéndose por encima de alguien, usándole a modo de chivo expiatorio (cuando menos una mujer), proyectando en ese alguien sus frustraciones y fracasos. Y además es cobarde. Incapaz de hacer ningún bien a nadie. Que utiliza y manipula a los demás. Maltrato psicológico. Esto es, también, una forma de destruir lentamente, poco a poco.
Escribir sin un ápice de rencor ni dolor proporciona la objetividad suficiente para ver las cosas con claridad y valentía, aún con incredulidad de lograr sobrevivir cuerda a semejante episodio.
Para describir la secuencia que emplean en muchos casos para destruir a su alrededor todo lo que tocan. Como Salomón pero a la inversa: convierten en nada todo lo que tocan. Y en concreto, destruyen la vida de aquel que le rodea, y a aquel a quien se acercan con esa “energía negativa”, generando mas negatividad y destrucción. No pueden evitar su dependencia de los demás y esa urgente necesidad de aprobación, pero necesitan sentirse “por encima”, ser más que. Y no pueden. Porque no lo son, ante la ley de igualdad de todos y cada uno de los seres humanos. Y lo saben. Y atacan hiriendo de muerte como respuesta de su supuesta y frenética supremacía.

Primero anula. Y anula ignorándo. Impidiéndo que la mujer sienta por sí misma y que sea persona. Y cada vez es más pequeña y más insignificante frente a él. O eso le hace saber él. La mujer no vale. Y lo hace hablando única y exclusivamente de él. Sólo existe él y sólo puede sentir a través de él. Porque está muerto y necesita recordarle al mundo constantemente que está vivo, o que quiere estarlo. Y cuando ya a esa mujer le han salido “callos” de escuchar su monólogo sobre su monotema, entonces le reprocha que no habla, que no interviene y se lamenta de su “soledad”. Pero lo impide. Y bajo la aparente contradicción, toda una serie de asaltos para tirar abajo su autoestima.
Niega la personalidad. de su pareja. Su vida, pensamientos y sentimientos no existen. No tienen cabida en la relación. Son de mal gusto. Los suyos no. Va dejando caer sutil o directamente su escasa valía, su ingenuidad y poca inteligencia, y capacidad para desenvolverse. Nunca con tales palabras. Solo aseveraciones e interrupciones. Incluso sugerencias envenenadas. A su lado pierde todo. Sólo él “brilla”. Ella y los suyos son restos de feria. De segunda y tercera categoría. Únicamente él sabe lo que es la vida y cómo disfrutarla, y ella nunca será capaz de hacer nada sin él, ni por supuesto comparable a él. (Diálogo machacón: él, él, siempre él…!).

Jamás asegura su cariño o sus sentimientos hacia ella. Su calor pende de un hilo muy frágil que en cualquier momento puede “cargar” si da un paso en falso. El ambiente se carga de tensión y angustia. Sus movimientos se limitan, tiene miedo a equivocarte en cualquier cosa, en no gustarle u ofenderle. Y la ansiedad le invade. Nunca está relajada, nunca está cómoda en su presencia, nunca más es ella. No sabe con exactitud por qué, pero está nerviosa día y noche. No puede ni comer. ¿Fallará hoy?¿Lé dejará si hace esto o aquello?¿Puede hablar de esto con él?

Le niega su apoyo. Nunca tajantemente, pero le da contra un muro. Bajo apariencia de despreocupación, de relatividad de las cosas y de insultante frivolidad, él no está, no le encuentras. Se esconde. Porque su vida tiene que girar en torno a él y sólo a él. Su vida no debería tener sentido si no es con él. Ella no tienes problemas. Sólo él. Ella no tienes vida. Sólo él.

De ese relativo cariño, voluble y lábil, pasa al rechazo, en toda la extensión de la palabra y su significado. A la negación como pareja. Teme darse y mostrarse porque teme no ser lo suficiente bueno, porque sabe que no lo es. Y se deja. Es la mujer quien lo pone y lo da todo. Pero nunca es suficiente, porque siempre puede ser mejor. Porque no es suficientemente especial para entenderle y estar a la altura de sus circunstancias y grandezas. O simplemente le demuestra desprecio o asco. Simplemente no vales nada. Cualquiera podría ser mejor que ella. Así las amenazas de infidelidad (o las probadas) quedan justificadas. Siempre por su culpa. Él no quiere, pero no es capaz de hacerle feliz. Porque no accede a todos sus deseos y demandas. Aunque sabe que daría igual. Nunca tiene suficiente. Siempre está por encima.

Cuando le ha negado como pareja, como compañera y ha bombardeado sistemáticamente su autoestima (sutilmente pero sin contemplaciones: hoy no pero mañana sí, hoy le sobra pero mañana la echa de menos, hoy le da risa pero mañana tiene sentimientos…), cuando la humillación ha alcanzado cotas suficientes para él, cuando se ha regocijado en su sufrimiento diario…prepara la escena. Monta el espectáculo. Tiene al actor principal, el decorado y multitud de desencuentros y vejaciones que han colmado su paciencia. Nunca es directo. Nunca reconoce un error o un daño, porque él nunca se equivoca. Nunca palabras subidas de tono que le descubran, si se enfada la culpable también es de ella. ¿La excusa? Cualquiera. Provoca que sea ella quien de el paso, una vez más la culpable. Cualquier motivo sirve: hablar claramente (cosa que él siempre evita), robarle protagonismo ante los demás (ante SU público) o simplemente ser mejor que él aunque sea sin quererlo.

Y un día desparece, sin más. le niega, por último, como persona en sí. “No hay mayor desprecio que no hacer aprecio”. Sin más explicación. Porque no vale nada, y no merece ni un por qué. Las explicaciones vuelven a ser de mal gusto. Desaparece, le desprecia, le humilla y le escupe en forma de negación rotunda. Ese desprecio que siente por la vida de cualquiera (ya no sólo por la de su víctima) no tiene parangón. Porque en definitiva no quiere, no sabe amar, a veces ni a él mismo. Y se siente impotente y frustrado ante su propia insensibilidad. Pero quiere, necesita ser amado. No soporta ser ignorado. Y ante esto cree que la única manera es causar lágrimas y dolor. Es lo único que sabe despertar en los demás.

Esto es ….

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1 comentario »

  1. Al final, no nos acordaremos tanto de las palabras de nuestros enemigos, sino de los silencios de nuestros amigos. (Martin Luther King, Jr.


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